América Latina

Un Montevideo ‘tupamaro’ #Cuba

En Montevideo, el rostro del Che aparece en los espacios más inesperados.
En el centro de Montevideo, chicos de la Unión de Jóvenes Comunistas de Uruguay
pintan un mural
en una pared de la Ciudad Vieja. El rostro del Che ilustra el termo que usan para hacer mate.

¿Es Montevideo terreno tupamaro? Cualquiera que camine por sus calles se da cuenta de que huele a guerrillero en cualquier lado. A mi, las calles de la capital uruguaya me parecieron un eterno pasillo de la facultad de ciencias políticas, filosofía y letras del campus donde estudié en Barcelona, con sus paredes y muros siempre copados por los filorevolucionarios, antisistema y antiglobalización animando a los estudiantes a unirse a una lucha obrera, a pesar de que todavía ninguno de ellos hubiese alcanzado el mercado laboral. En ese campus y en esos pasillos se repudiaba al sistema, se repudiaba al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, era día de fiesta mayor cuando por allí pasaban Rigoberta Menchú o el líder del Frente Polisario Mohamed Abdelaziz. Cuando vino Aznar a visitar el campus se armó la de San Quintín, tuvieron que intervenir grupos antidisturbios de la Policía Nacional, obviando la norma que impide a los cuerpos policiales a actuar en recintos universitarios. Días después, el rector nombró a Aznar “persona non grata”.

Pues bien, sin extenderme mucho más en lo que pasaba en el campus de Bellatera, en la Autónoma de Barcelona cuando yo estudiaba allí, quería tan sólo decir que las calles de Montevideo tienen algo de eso, de pasillo en campus universitario donde los antisistema, sean pocos o muchos, llenan sus muros y paredes con su iconografía; sus símbolos invaden los espacios comunitarios, sus lemas y consignas, sin ser compartidas por todos los que habitan el mismo escenario, están a la vista de todo el mundo. Un poco como en Cuba, como en La Habana, donde hay miles de lemas y consignas que estallan por todas partes pero… a saber quién las cree, más allá de los que se encargaron de pintarlas o de los que las mandaron pintar.

En La República, periódico que se autodenomina “diario plural”, aparece la crónica de un plenario del Frente Amplio, plataforma uruguaya en el que se mezclan partidos y formaciones de izquierda y centro izquierda, empezando por socialistas y cerrando con marxista-leninistas. La principal preocupación de ese pleno fue en estos días determinar de qué manera se unían esfuerzos para evitar lo que pasó en Chile, que aparezca un Sebastián Piñera.

En la rueda de prensa que Alejandro González Raga y Blanca Reyes ofrecieron en el hotel Radisson de la capital uruguaya, y a la que tuve el placer de poder asistir, comprobé que hay cierta prensa en Latinoamérica que se comporta con abierta actitud hostil contra aquellos que se presentan como opositores al castrismo. Por algún lado tengo grabadas las preguntas que una periodista uruguaya hizo a Blanca Reyes demostrando no sólo un desconocimiento importante del movimiento de las Damas de Blanco, sino también de su origen y concepción: “¿Qué son las Damas de Blanco? Y, ¿por qué de blanco y no de verde?; ¿quién financia al grupo? Luis Posada Carriles ha ido a manifestaciones en apoyo a las Damas de Blanco… todos sabemos quién es Posada Carriles…” Claro que esa periodista fue única al dirigirse en ese tono a González Raga y Reyes. Suerte que el presidente del país se reunió con el grupo, el ex guerrillero Pepe Mújica, que no quiso fotos del encuentro. Por algo será… Una de cal y otra de arena, ¡pero qué triste es que reunirse con opositores al castrismo tenga que hacerse con disimulo y sin dejar pruebas o las mínimas!

Pero así es en una ciudad donde los Castro, el Che y la Cuba revolucionaria tienen una presencia notable, más allá del mate que sus habitantes beben a todas horas llevando consigo encima todos los enseres que se requieren para tomarlo caliente a cualquier hora del día y en cualquier parte de la ciudad. Dicen que en tiempos de la dictadura que sufrió Uruguay beber mate en la calle y transportar la bombilla de la que se bebe en público era una señal de oposición al autoritarismo militar que dirigió el país a lo largo de varios años. Hoy perdura esa costumbre en esa ciudad que en muchos rincones parece Cuba. Sus construcciones, de los años 30 a 50, muestran el sustrato de riqueza que se posó en la ciudad tiempo atrás (ver foto junto a estas líneas). Ahora esas casonas y palacetes son, en su mayoría, edificios que se mantienen a duras penas. Hay cierto aspecto de deterioro en la ciudad, sin llegar, claro está, al nivel de demolición que existe en Cuba.

El salario mínimo de un uruguayo se sitúa alrededor de los 150 dólares, me cuentan. Es una cifra que realmente espanta cuando se observa que los productos en los supermercados tienen precios que para nada se distinguen de los que podríamos encontrar en España o Francia. Algunos servicios -los más caros- se ofrecen directamente en dólares americanos. Este es el caso de los viajes. Por ejemplo, una agencia que vende la ruta del Che Guevara por 20 días, a un precio de unos 1.600 dólares USA. Se deduce pues que los forofos del Che en Uruguay deben tener plata, y de la buena.

Bajo el lema Conocer el mundo, ahora es posible se vende la Ruta del Che.
Una agencia en Uruguay propone este recorirdo por 1.595 dólares USA en Montevideo

En los mercados de libros usados en Montevideo la presencia cubana es también notoria. Incluso diríamos que en los tenderetes el librero concibe varias secciones y categorías, entre las cuales Cuba/Castrismo/Che van juntas, al lado de niveles colaterales como Marxismo. Lo que no impide que aparezcan curiosas estampas como la que ilustra la foto inferior, donde un libro sobre Fidel Castro está posicionado justo al lado de Mi lucha, de Adolf Hitler.

Un libro de Gianni Minà sobre Fidel comparte espacio con
Mi lucha de Adolf Hitler, en un mercado de Montevideo

Y para completar el recorrido, algunas otras fotos del mercado de libros:

Ante este panorama acudimos con cierto temor a la puesta en escena de Adolfina, de Frank Prieto, en el Teatro El Galpón. La obra, en la que una mujer negra denuncia el racismo en la Cuba comunista y los atropellos del sistema castrista sin tapujos, viene a representarse en terreno tupamaro. La función transcurre sin problemas, a pesar de que algunas personas en el público -sin poder frenar su simpatía revolucionaria- intentan rebatir el discurso de la protagonista en escena mientras otros en el público las mandan a callar. Por lo visto, podría haber sido mucho peor. Adolfina podría haberse encontrado un acto de repudio en las puertas del teatro, pero sus opositores, en platea, se redujeron a un par de espectadoras que exteriorizaron su incomodidad ante las verdades de la Revolución.

Representación de ‘Adolfina’ el Teatro el Galpón de Montevideo.
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