Cuba

Belascoaín #710…

 

Por Félix Antonio Rojas Guevara

Hoy me vienen recuerdos evocadores de una noche calurosa de La Habana de los 90; cuando nos transfiguramos en grunges, cuando descubríamos el acorde de mi mayor, entre los poemas de Lezama y Rimbau; entre reuniones clandestinas con la disidencia; el terrible tiempo entre el pavor y lo desconocido y toda la rabia de ser un hombre oprimido en movimiento y espacio…

Rememoro aquella noche en Belascoaín #710, en el ISDI; colado en una fiesta (porque no había mas nada que hacer); opacidad del alcohol-estupefaciente de lo cotidiano, entre el Gish, The Smashing Pumpkins y el Opiate de Tool…

No sé cómo empezó todo, aquella enorme bronca multitudinaria (a lo cubano), sólo recuerdo verme atrapado por directivos de la institución y lanzado a la calle junto con otros asistentes…”yo sé que soy un cobarde, yo sé de donde vengo, pero no sé donde estoy”… sólo sé que de la impotencia que sentí, me dio por gritar en el medio de Belascoaín, “cubanos es el momento de unirnos de tumbar la dictadura” -mis gritos eran provocados por el superávit de alcohol en mis venas-; yo le gritaba a una multitud que alucinaba, yo deliraba en vesania, cuando vi al policía-político correr hacia mí, sólo vi en él una víctima más de mi planeada cacería; solamente sé que corrí a su encuentro y que salte… (hubo un instante en la nada, un instante eterno, frente a mis ojos, los cráteres de la Luna, su color gris, el silencio y la complicidad del espacio, las lejanas estrellas el polvo sideral, los movimientos astrales, la estela del macro mundo astronómico y celeste, el amor que vendí unos meses más tarde para después congelarse en las frías aguas del San Lorenzo…)

Cuando desperté me encontraba acostado en un banco del parque, frente al ISDI; mi viaje astral había terminado, sólo escuchaba las palabras excitadas de dos aseres-toxicones, que me decían ”blanco asere tu estás loco, lo mataste, lo mataste, le has metido una patada en toda la cara al fiana y lo has dejado ko en la calle, tú estás loco blanco, tú estás loco, le rebentaste todo el face”… no recuerdo nada más, sólo que cuando miccionaba, el orine me producía un ardor tremendo; eran noches de sexo reiterado acompañado con antibiótico y lo que se podía encontrar…

La madrugada me atrapó en su manto de color ocre; me disfracé de cazador, fingí ser un fantasma silente en mi barrio, aquel espectro delgado y mal-nutrido, soñador de lo utópico… cazador de mariposas nocturnas…me acordoné las botas rusas y desaparecí…

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