Cuba, Periodismo

Tania Quintero: "Lo principal no es lo que pases para hacer tu labor periodística, sino hacerla"

Aprovechando el lanzamiento a partir de hoy en su blog del libro de memorias de la periodista cubana Tania Quintero, Periodista, nada más, le propuse realizar esta entrevista donde hablamos no sólo de algunos aspectos mencionados en su obra sino también sobre asuntos referentes al periodismo independiente en Cuba, así como acerca del futuro incierto del país. Quintero tuvo una trayectoria dentro del periodismo oficial hasta que finalmente saltó a las filas del independiente en 1995. Su trabajo le valió ser perseguida hasta que tuvo que abandonar el país, refugiándose en Suiza, en el año 2003. Desde Europa mantiene una intensa actividad periodística siguiendo la actualidad de la Isla. Tania Quintero es una de las personas que atesora más información y conocimiento sobre la Cuba de los últimos 50 años. Su libro es una lectura imprescindible.


En uno de los primeros capítulos del libro narra un encuentro con Fidel Castro a quien le mencionó que había jineteros en Cuba que querían viajar como lo hacían los ‘hijitos de papá’. ¿Cuestión de valor o actitud temeraria?
Joan, cuando aquella tarde fui al Palacio de la Revolución, no sabía para qué me estaban citando, pues por teléfono no me lo dijeron. Pero yo cogí la guagua (el ómnibus 174, en la parada que queda cerca de la 10ma. unidad de la policía, en la Avenida de Acosta) con la misma tranquilidad con que ahora respondo tu cuestionario.

No sé si por haber nacido y vivido en un medio político y mi padre ser guardaespalda de Blas Roca, uno de los principales líderes comunistas que hubo en Cuba antes de 1959, desde pequeña estuve acostumbrada a ver personajes importantes, comunistas, de otros partidos y extranjeros. Por ello, a mí ningún dirigente me ‘acojonó’, como a los españoles gusta decir. Y menos Fidel Castro.

Nunca tuve miedo escénico (algo que mis dos nietas heredaron). De los actos en que de niña participé, recuerdo los realizados en La Habana en apoyo al Primer Congreso Mundial de Partidarios de la Paz, celebrado en París en abril de 1949 (entonces tenía 7 años) y al cual asistieron varios delegados cubanos, entre ellos tres que yo conocía desde que nací: Juan Marinello, Nicolás Guillén y Gilberto del Pino. Gilberto, dirigente campesino de Camagüey, además, vivía al lado nuestro, en un piso compartido por tres familias comunistas. De París, Gilberto nos trajo una pequeña Torre Eiffel, que durante muchos años guardamos de recuerdo.

Los gobernantes cubanos de entonces y en particular los comunistas, que ya habían sido muy solidarios con la Guerra Civil Española en 1936-39, lo fueron también con la Unión Soviética, Estados Unidos, Francia e Inglaterra, cuatro de los países que se enfrentaron al nazifascismo y lo derrotaron, el 9 de mayo de 1945. En aquella época, también tuvo repercusión el hecho de que Cuba fuera uno de los países firmantes de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el 10 de diciembre de 1948, en París.

A esa niñez activa y comprometida, se unen las actividades extraescolares (visitas a museos, excursiones, etc) y la participación de los alumnos de las escuelas públicas en acciones solidarias, como recoger dinero el Día del Cáncer (la Liga contra el Cáncer era una institución muy  respetada); conocer cómo funcionaba la Cruz Roja y tener botiquines de primeros auxilios en las aulas, y preparar canastillas para mujeres pobres que dieran a luz el 28 de enero, día del natalicio de José Martí, entre otras. Y estaban las actividades patrióticas, en mi caso pertenecí a la Asociación de Alumnos de la Fragua Martiana, donde una o dos veces al año escuchábamos charlas impartidas por Gonzalo de Quesada y Miranda, hijo de Gonzalo de Quesada y Aróstegui, discípulo de José Martí.

Mi primer trabajo, como mecanógrafa en el Comité Nacional del Partido Socialista Popular (marxista), me permitió estar en contacto no sólo con los comunistas que ya desde mi niñez conocía, si no también con los recién llegados al poder, aunque no a todos conocí personalmente. Al Che me lo presentaron en La Cabaña, en enero de 1959, pero nunca hablé con Raúl Castro.

Así que con estos antecedentes, era normal y lógico que no tuviera miedo ni considerara valiente ni temerario decirle eso de los ‘hijitos de papá’ a Fidel Castro -y al resto de los presentes-  aquel día en su despacho del Palacio de la Revolución.

Tampoco nunca me ‘acojonaron’ los agentes de civil o de verde olivo del Departamento de Seguridad del Estado, ni los que estuvieron en mi casa o me interrogaron y detuvieron, en 1997 y 1999. Como es difícil que ellos lo atestiguen, pudieras preguntarle a Raúl Rivero, quien durante más de 24 horas estuvo detenido en un calabozo frente al mío, el 1 marzo de 1999.

Es que durante los seis años de la dictadura de Batista (1952-58) en nuestra casa de Romay, en el Cerro, recibimos  numerosas ‘visitas’ del temido SIM (Servicio de Inteligencia Militar) y del aún más temido BRAC (Buró de Represiones de Actividades Comunistas). En esa etapa, mi padre fue varias veces detenido y como mi madre se ponía nerviosa, yo iba sola a ver al abogado Aramís Taboada, que vivía en Luyanó, para que interpusiera un Habeas Corpus (trámite que siempre se hacía cuando se desconocía el paradero de un detenido y una de las primeras cosas que Fidel Castro eliminó cuando llegó al poder, junto con las huelgas y la libertad de prensa). Después de hablar con el abogado, me iba a recorrer las estaciones de policía, a ver si en una de ellas estaba detenido mi padre.

Para entender mejor esa ausencia de miedo en una mujer cubana, hija única, te recomiendo leas Harry Potter y la revolución escatimada, un largo testimonio publicado en cinco partes en mi blog en junio de 2009. Entre otras anécdotas, cuento de los mensajes que la dirigencia del Partido Socialista Popular le enviaba a ‘Alejandro’, seudónimo con el cual identificaban a Fidel Castro. En el 59, Castro juraba que él no era comunista y que la revolución era más verde que las palmas, jejeje!

Sobre ese mismo encuentro, nos describe la mano de Fidel y la manera de encajarla con quien se la extiende. Sin firmeza. ¿Puede ser que esa sea una muestra de inseguridad? 
No soy psicóloga, pero me parece que más que una muestra de inseguridad, pudiera ser una característica de las personas que se sienten superior a los demás. Como la Reina Isabel en el Reino Unido, quien no sólo apenas da la mano, si no que lo hace con guantes blancos.

Menciona que el periodismo independiente es un fenómeno que surge en los 1990. Me interesaría conocer por qué vías se publicaba información considerada contrarrevolucionaria antes de esta fecha en Cuba? ¿Cuáles eran las vías por las que llegaba información no oficial a la Isla? ¿Cuáles eran los circuitos que permitían subvertir el control informativo en una era donde lo digital era inexistente?
El periodismo independiente surgió a mediados de los 90, y entre sus iniciadores se encontraban Indamiro Restano, Rafael Solano, José Rivero, Julio San Francisco y Raúl Rivero, entre otros. No sé cómo los opositores y activistas de derechos humanos, como Ricardo Bofill, hacían llegar sus denuncias, me imagino que por teléfono. En los ocho años que fui periodista independiente en La Habana (1995-2003), siempre trasmitíamos por teléfono. En el 2000, algunos tuvimos fax y durante un tiempo lo utilizamos, pero lo seguro y más inmediato siempre fue la vía telefónica.

A los adictos a internet, twitter, facebook y otras redes sociales, les puede costar creerlo. Pero así lo hicimos. Y con éxito. Baste poner nuestros nombres en Google y aparecerán decenas, cientos, de trabajos que en esos años dictábamos por teléfono y fueron publicados en Cubanet, Cubafreepress, El Nuevo Herald, Cubaencuentro, la revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa, entre otros. Los tiempos han cambiado, pero todas las adicciones son malas, sea al tabaquismo, el alcohol o a las nuevas tecnologías. Llega un momento que tu capacidad de improvisación y creatividad puede mermarse.  Si te vuelves dependiente de los widget, si un día te ocurre un percance, no sabes qué hacer al no responderte un ‘aparatico’ que en ocasiones se convierte en la extensión del cuerpo de una persona. Por la calle o en el ómnibus, veo a personas todo el tiempo con el celular, el ipod, iphone, blackberry, etc. Una adicción total!

El domingo 28 de febrero de 2010, Iván y Laritza Diversent fueron a Santa Clara, a entrevistar a Guillermo Fariñas. Quedaron en enviarme la entrevista, para que la revisara y la remitiera a El Mundo/América. Pero sobre las 18.00 del lunes 1 de marzo, hubo un corto circuito en nuestro apartamento y nos quedamos sin luz. O sea, sin computadora ni teléfono inalámbrico. El celular de mi nieta estaba descargado. La opción era ir a la estación de trenes para comprar una tarjeta telefónica y desde una cabina pública llamar a La Habana. Pero cuando me disponía a salir, mi hija ve a un muchacho árabe que vivía en el piso superior de nuestro edificio y que ella conocía de un mismo curso de alemán, y le pide si yo desde su teléfono inalámbrico podía llamar a Cuba. Y nos dice que él sólo tiene un celular, inmediatamente lo sacó de su bolsillo y nos pidió el número. Así pude avisar de lo ocurrido. Lo principal no es lo que pases para hacer tu labor periodística, sino hacerla. La entrevista fue publicada. Ese día, por cierto, aprendí que cuando un árabe te hace un favor, se ofende si le dices que se lo vas a pagar.

Volviendo a tu pregunta. Creo que Rolando Cartaya, periodista cubano que ya en los 80 era disidente, pudiera responder mejor. A Cartaya lo puedes localizar en Radio Martí. Acerca de Bofill, por cierto, el otro día recibí un email donde decían que se encontraba enfermo y abandonado, habría que verificarlo y de ser así, que los americanos desvíen un poco de esos millones que se dice destinan a la disidencia dentro de la isla, y le hagan llegar una ayuda monetaria urgente. Es lo menos que merece alguien que tanto luchó por los derechos humanos en Cuba.

Cuando se escriba la historia de la oposición a Fidel Castro en el interior de la isla, para mí hay tres nombres imprescindibles: Pedro Luis Boitel, Mario Chanes de Armas y Ricardo Bofill.

En un momento escribe: “Aceptemos por buenas las intenciones de los rebeldes. Pero tratando de acabar con lo que ellos consideraban malo y negativo, terminaron acabando con Cuba”. Usted muestra en el libro su carácter independiente, afirma que nunca perteneció a ningún partido, pero creyó en algún momento en los que lideraban la Revolución. O podríamos decirlo de otra manera, ¿cuándo empezó a sospechar de que aquello no era normal?
Como nunca he sido ni soy fanática de nada ni de nadie, para serte sincera, siempre creí a medias en la revolución. Esa misma anécdota que puedes leer en Harry Potter y la revolución escatimada, es una muestra que cuando sabes algunas cosas, no puedes creer a ciegas. Porque públicamente Fidel Castro declaraba que aquello no era  socialismo, y por detrás, se daba la lengua con los comunistas. Me consideraba revolucionaria, pero a mi manera. La gota de agua que colmó el vaso de mi incredulidad fue el asalto a mi domicilio por la Seguridad del Estado, el 8 de marzo de 1991, y el arresto en Villa Marista de mi hijo, Iván García. Hace poco lo conté en Pistola en mano.

Si tuviera que definir su paso por la prensa oficial del castrismo, ¿cómo lo definiría?
Para ser autodidacta, para nunca haber recibido una lección de periodismo, considero que mi paso por la prensa oficial fue bueno. Y más no pude publicar, sobre todo en la revista Bohemia. De mi primer y único viaje al exterior, de tres semanas a la República Democrática Alemana, en 1979, publiqué 50 páginas en Bohemia. Quien tenga acceso a los archivos de la más conocida revista cubana, las puede contar, no exagero.

Del ministerio de asuntos exteriores de la RDA dijeron que nunca, ningún periodista, ni capitalista ni socialista, había escrito tanto en una estancia tan breve, porque en realidad de trabajo fueron dos semanas, la primera la pasé en visita privada, en casa de Cathérine Gittis, una periodista que se suicidó en 1988 y que mucho tiempo después supe que era media hermana, por parte de padre, de Marcus Wolf, el famoso superjefe de espías y a quien lamentablemente, no llegué a conocer. Esa productividad periodística me valió que en 1980 me condecoraran con la Medalla de Plata de la Amistad con los Pueblos de la RDA.

También considero bueno mi paso por la televisión cubana, a donde llegué ya con 40 años de edad y sin ninguna experiencia previa. Me adapté bastante rápido a un medio totalmente nuevo. Y no sólo reporté para el noticiero, también escribí guiones y realicé programas.

Pude dominar el periodismo porque tenía una base: desde los primeros grados obtuve buenas notas en ortografía, composición, gramática y siempre leí mucho, fui mucho al cine y me gustaba visitar museos. El mejor ejemplo de un autodidacta lo tenía muy cerca: Blas Roca, un zapatero mulato de Manzanillo, que se hizo a sí mismo y llegó a ser uno de los tres constituyentes comunistas de la Constitución de 1940 (los otros dos fueron Juan Marinello y Salvador García Agüero, este último de la raza negra).

Aunque voy a cumplir ocho años en el exilio, todavía mi nombre aparece en una lista negra. Y muchos familiares, amigos, vecinos y excolegas del periodismo oficial, temen pronunciar mi nombre o decir que me conocieron y fueron mis amigos, salvo contadas excepciones. Recientemente, en mi blog una persona que ya no vive en Cuba dejó un saludo, pero me pidió no lo publicara. Hace poco, en mi blog escribí sobre un excolega, que si pudo dejar la profesión que tenía y dedicarse a lo que le gustaba, fue gracias a mí. Pero él, como otros, temen ponerse en contacto conmigo y menos con mi hijo Iván, que como sabes escribe sin miedo desde La Habana.

Afortunadamente, ni yo ni Iván hemos sido víctimas de ese terror que paraliza y te impide mencionar el nombre de alguien que un día fue un buen amigo, vecino o ex compañero de trabajo. Es una de las más dañinas herencias que han dejado los Castro en la población cubana. Tendrán que pasar muchos años para que los cubanos pierdan ese miedo patológico que los mantiene paralizados. Una actitud que yo no acabo de entender: prefieren tirarse al mar en una balsa y ser comidos por los tiburones, antes que manifestar en público lo que realmente piensan.

Yo perdono la apendijitis crónica que padecen algunos de mis excolegas. Por el contrario, cada vez que puedo, dejo patente mi cariño y respeto hacia compañeros con quienes durante más de dos décadas laboré, como hice en la entrevista que en 2008 me hizo la colombiana Lully Posada.

¿Qué fue lo que determinó su paso a la prensa independiente?
Que después del registro a nuestra casa y la detención de Iván, el 8 de marzo de 1991, sin saberlo había sido puesta en una lista negra. Entre 1991-94 estuve muy ocupada, primero con una investigación sobre el director austríaco Erich Kleiber y después con el nacimiento de mi primera nieta. Pero en 1995, al ver que ya mi tiempo en el periodismo oficial había expirado, decidí convertirme en periodista independiente, en la agencia Cuba Press, desde que Raúl Rivero la fundó, el 23 de septiembre de 1995.

Según dice en algún momento, la doble moral en la Cuba castrista es algo que le ha molestado bastante. ¿A qué cree que responde esta doble moral, a un instinto de supervivencia o al conformismo?
A esa combinación de instinto de superviviencia y conformismo, añadiría el miedo y también, que la revolución, además de destruir estructuras económicas, acabó con una serie de códigos éticos y morales que desde que Cuba fue república, el 20 de mayo de 1902, existían en la sociedad cubana. Y no sólo a la hora de hablar y vestirse, si no también en las relaciones sociales y familiares.

Con la revolución, desgraciadamente, se fue imponiendo la falta de respeto, la chabacanería, la mediocridad… Cuando uno escucha hablar a un peruano, chileno, colombiano o ecuatoriano, uno puede comparar y se percata de lo mal que hablan hoy los cubanos. No importa si son militantes del partido o disidentes, vivan en la isla o en el exterior. Salvo excepciones, todos tienen una misma manera ‘chea’ (pasada de moda) de hablar y su vocabulario suele ser pobre y limitado. Y eso, en mi opinión, se debe a que tienen muy poco background informativo y cultural.

Algo muy triste en una nación donde tuvimos a escritores de la talla de José Lezama Lima, Alejo Carpentier, Guillermo Cabrera Infante, Lino Novás Calvo… Poetas como Dulce María Loynaz y Gastón Baquero… Investigadores como Fernando Ortiz, Lidia Cabrera y Emilio Roig de Leuchsenring… Periodistas como Manuel Márquez Sterling y  Mario García del Cueto… Hasta políticos cultos hubo, como Orestes Ferrara, Emilio Bacardí Moreau o Salvador García Agüero, uno de los mejores oradores que ha tenido Cuba. Ya en la isla no abundan los cubanos ilustres, pero aún quedan algunos, como Monseñor Carlos Manuel de Céspedes y Eusebio Leal, historiador de la ciudad de La Habana, entre otros de momento recordados.

En su obra puntea algunos detalles de los tiempo pre-Revolución y post. Antes la gente de su barrio de El Pilar podía comprar zapatos y ropa a bajos precios; antes, afirma, el sistema educacional era infinitamente superior al actual. Son muchas las evidencias encima de la mesa sobre una Cuba mejor antes que después de Fidel. Aún así, el mundo no lo quiere ver y en muchas ocasiones ni tan siquiera quiere escuchar la versión de los que lo han vivido… ¿Puede uno llegar a hartarse de esta situación?
El problema es que la revolución ha hecho de las vidrieras de la educación y la salud un verdadero marketing socialista. No se pueden negar los logros en esas dos áreas, como tampoco se pueden negar en la cultura y los deportes. En Lo que la revolución nos dejó, reportaje  escrito en 2003 por Iván y publicado en enero de 2004 en la web de la SIP, se reflejan las dos caras.

Pero en la actualidad, si ponemos los dos grandes logros en una balanza, ésta se inclinará hacia el lado negativo. Baste darse una vuelta por los hospitales a los cuales asiste la gente a pie para darse cuenta. Y por las escuelas, igual o peor. Porque al menos, los médicos trabajan en condiciones adversas, con mucha falta de recursos, pero siguen atendiendo bien a sus pacientes. No es el caso de los maestros, en particular los llamados ‘emergentes’, una horneada de corre-corre preparada por Fidel Castro y que ha resultado un desastre.

Puedo poner el ejemplo de Flavia, la maestra que tuvo mi nieta más pequeña en primer grado, que maltrataba a los niños. Por las quejas de los padres, a los alumnos le pusieron otra maestra y a la maltratadora le dieron otra oportunidad. Fue en balde, terminó siendo puesta a disposición del Ministerio de Educación, que espero no la recicle, porque la muchacha, como tantos otros ‘maestros emergentes’,  fueron aceptados porque eran militantes de la juventud comunista o por tener un expediente ‘revolucionario’. Pero no poseen verdadero vocación para el magisterio, casi todos tienen un escasa cultura y no pocos proceden de hogares problemáticos.

Cuando piensa en el futuro de Cuba, ¿qué imagina, qué sueña o qué espera ver?
Si Cuba sigue como va, con una mayoría de jóvenes cada vez más inculta, que prefiere menear la cintura al ritmo del reguetón, antes que leer un buen libro, visitar  un museo o ir a un concierto de buena música, y mientras prefieran sentarse en el malecón o un parque a beber un litro de ron y conversar sobre la última ‘pacotilla’ de moda, va a ser muy difícil que Cuba salga adelante. Eso sin contar que el nivel de violencia, a nivel doméstico y callejero, está aumentando en la misma medida que el nivel de vida ha ido bajando. Y lo peor, tanto teque y tanto discurso en estos 52 años, se ha convertido en un boomerang, y buena parte de la juventud cubana hoy es apolítica. Como no ven claro su futuro, tampoco les interesa estudiar y prepararse para sacar adelante el país. Que aunque la dirigencia sea un Asilo de Santovenia, a los jóvenes cubanos es a quienes corresponde desarrollar Cuba.

A ningún país el maná le cae del cielo. Después que publique ese libro inconcluso en mi blog, quiero empezar a escribir sobre Suiza. Cuando los cubanos figuraban entre los más cosmopolitas del hemisferio occidental, los suizos eran unos campesinos de montaña, luchando contra condiciones climáticas adversas. Y hoy se encuentran entre los más desarrollados del mundo. Pero ese desarrollo no se lo regaló nadie a los suizos, lo consiguieron doblando el lomo y quemándose las pestañas. Igual que otros pueblos de Europa, Canadá y Estados Unidos. La riqueza sólo se consigue con trabajo y más trabajo, estudio y más estudio, investigaciones y más investigaciones.

El futuro de Cuba lo veo en manos de nuestros nietos y bisnietos, sobre todo de los que se han ido y estudiado afuera, en el capitalismo, donde sí hay que ponerse pa’las cosas y morder el cordobán y no se puede vivir del cuento ni del cambalache. Mi nieta mayor llegó a Suiza con 9 años y a punto de cumplir los 17, por su buen promedio en la secundaria pudo ingresar en el bachillerato. Y hoy, además del español, habla suizo-alemán, alemán, inglés y francés.

Pese a todo, y como dice el refrán “la esperanza es lo último que se pierde”. Por suerte, en Cuba siempre ha habido y habrá personas con la cabeza bien amueblada, que se han sacrificado y estudiado una carrera y se han hecho profesionales. Es el caso de Laritza Diversent, joven negra de origen oriental (en Cuba, ser negro y oriental es sinónimo de mala suerte) que ha sabido vencer las adversidades y graduarse de abogada. Chapó para ella!

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