Transexualidad

Joana quiere se Joan




Por Iván García (*)

Joana, 28 años, quiere ser hombre. Su organismo lo pide a gritos. Por un problema genético, su cuerpo metaboliza un por ciento de testosteronas tres veces superior al de una mujer.

Sus brazos y espaldas son comparables a un estibador del puerto. Mide 1’81. Juega baloncesto como si fuera un chico del Bronx. Sus canastas no tienen la vistosidad de Kobe Bryant, pero no están nada mal.

Joana está en la lista de las mujeres que desean cambiar de sexo en la isla. Siente que la espera es demasiado larga. “Amigas lesbianas extranjeras pueden gestionarme una carta de invitación a una nación europea. Pero una operación transexual en otro país cuesta mucho dinero. En Cuba me sale gratis, aunque la intervención quirúrgica puede demorar de 10 a 15 años, según me han dicho. Para esa fecha ya seré un trasto”, dice camino a un gimnasio de fisiculturismo.

Tiene más novias que un galán de cine.  “La cantidad de muchachas bisexuales que hay en Cuba es tremenda. Ni Río de Janeiro le hace competencia. Ligo más rápido que cualquier hombre. He tenido apuestas con tipos lindos y con el ‘bloque alterado’ (mucho dinero) en los bolsillos y siempre gano. Por lo general, chicas que son auténticos mangos (bellezas) son las que me ligan a mi”, cuenta Joana con orgullo.

Se considera un gatillo alegre. “Vivo la vida. De discoteca en discoteca. Bailando reguetón, halando más melca (cocaína) que una aspiradora y ‘templando’ (follando) como si fuese una maquina de sexo”, apunta este mastodonte con cara de modelo y cuerpo de basquetbolista universitaria.

Buenas broncas se ha buscado cuando los reyes de la noche en La Habana -entiéndase tipos con plata, como los cantantes de reguetón, vendedores de drogas, hijos de ministros y generales o extranjeros que visitan la isla para hacer el amor con mulatas y mulatos, tomar ron y viagra a destajo- la han querido forzar, pagándole o intimidándola, a que tenga sexo con hombres.

“Yo soy la tortillera (lesbiana) clásica. No me gustan los machos”, confiesa Joana, quien desde la adolescencia siempre ha querido llamarse Joan. Sus padres la dejaron tirada con 15 años. “No he sabido más de ellos. Ni falta que me hace”, dice  esta habanera que no ve llegar el día para convertirse en varón. Por ahora, su sexo no acompaña sus deseos.

(*) Iván García es periodista independiente en Cuba, escribe para El Mundo y es el autor del blog Desde La Habana. Cortesía del autor y Tania Quintero.

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