Democracia, dictadura

¿Qué ganan los Castro con la actual crisis en las democracias? (2)

El economista Elías Amor, vicepresidente de la Unión Liberal Cubana participa en nuestro sondeo sobre la crisis de la democracia actual y los réditos que de ello puede sacar el castrismo.


¿Consideran que la crisis de las democracias liberales dificulta o debilita la defensa de la democracia para Cuba? ¿Por qué? ¿Cómo puede evitarse que los conflictos actuales de las democracias europeas y norteamericana desestimulen a los cubanos de la Isla y sigan contribuyendo a fortalecer el discurso de la dictadura contra el modelo democrático? 

Elías Amor

En referencia a la primera pregunta, no creo que la naturaleza de las democracias liberales tenga mucho que ver con la crisis actual de la economía.

Su incidencia golpea por igual a todos los países, con independencia de su sistema económico. Lo que sucede es que la política informativa, mucho más oscura en los regímenes totalitarios y dictatoriales, impide realizar un escrutinio de los efectos de la crisis. Pensemos en las hambrunas de Corea de Norte, o sin ir más lejos, la estrategia de represión desatada por el castrismo en los últimos meses para contener los movimientos opositores y la disidencia interna, cada vez más amplia.

Además, algunas democracias liberales de América Latina, como Chile, han conseguido afrontar la crisis con tasas de crecimiento superiores al 5% de media durante el último lustro. La receta ha sido muy sencilla: apostar por un sistema jurídico estable respetuoso de la legalidad y de los derechos de propiedad y fortalecimiento de la economía abierta. La única vía posible para crecer en el marco de la globalización.

No creo que estos argumentos puedan inducir a los cubanos a desconfiar en el sistema democrático, sino todo lo contrario. La salida de la crisis, que depende de factores internos y externos, así como de la confianza de los mercados, se ve reforzada por la existencia de un marco estable de derechos, una legitimidad democrática y políticas económicas en la dirección correcta, de corrección del déficit y endeudamiento. Si se persiste en esta actuación, las economías volverán a la senda de la reactivación, sobre bases mucho más sólidas.


En referencia a la segunda cuestión, y por la misma razón, los conflictos de las democracias europeas y norteamericanas tienen su origen en factores internos, acentuados por la crisis y la necesidad de dar solución a los problemas económicos.

Es cierto que el régimen castrista ha descubierto una oportunidad para usar la propaganda y la demagogia contra el modelo democrático, pero esto se debe calificar como una política de ver la paja en el ojo ajeno, una huida hacia adelante y en cierto modo, volver a ganar tiempo.

Conviene recordar, una vez más, que en Cuba se están impulsando medidas de ajuste muy doloroso para el conjunto de la sociedad, con despidos de los empleos estatales hacia un marco desconocido como es el trabajo por cuenta propia, la reducción de gratuidades y la elevación de precios, o la presunta persecución del fraude.

Creo que cualquier ciudadano cubano es consciente de que su nivel de vida es muy inferior al de cualquier ciudadano europeo. Y esta perspectiva es contraria al sentido histórico del primer medio siglo de existencia de la República, cuando medio millón de italianos o españoles solicitaban visados cada año para establecerse en la Isla. Esta crisis tampoco ofrece al castrismo un discurso con potencial de desarrollo.

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