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"Un periodista cubano en ‘Granma’ se siente un propagandista, un difusor de ideas únicas y un agitador de masas"

Jorge Ignacio Pérez vive desde hace ocho años en Barcelona. Periodista y escritor, autor de Pasajeros en tránsito, abandonó Cuba dejando atrás los ocho años que había pasado como redactor de temas culturales y crítica teatral en Granma, órgano del Partido Comunista de Cuba (PCC), y en la revista Bohemia. En esta entrevista, que amablemente ha concedido para el blog, nos habla de la complicada experiencia de ejercer el oficio periodístico en un país comunista, bajo un régimen dictatorial, sobre la censura y el hilo directo entre la dirección del periódico y la oficina del dictador. Agradezco sinceramente la disponiblidad de Jorge Ignacio por confiar algunas interioridades del día a día en Granma y para hablarnos de forma honesta y sincera de las tensiones bajo las que tiene que trebajar los periodistas oficiales en Cuba.

¿Cómo nace la vocación periodística en un contexto como el cubano, una sociedad que limita la acción de sus ciudadanos orientándola en un mismo y único sentido ideológico?
La vocación periodística en el contexto cubano nace como mismo surge la vocación por la medicina o el magisterio, simplemente por la vocación. Luego viene la frustración por la autocensura, pero cuando llega ese momento ya el periodista está dentro de una dinámica en la cual se siente atrapado. O continúa ejerciendo su profesión o la abandona para siempre. Hay que tener en cuenta que en el periodismo cubano, como en otros órdenes de la vida en general, existen personas oportunistas que intentan escalar posiciones siendo más confiables para el régimen. Yo jamás intenté sobresalir.

Desenmascarar intereses ocultos de los poderes políticos y económicos puede que sea uno de los objetivos más perseguidos por muchos periodistas en cualquier parte del mundo. Si entendemos el periodismo como crítica a la gestión pública, ¿cómo se siente un periodista cubano al tener que renunciar a este impulso profesional?
Se siente un propagandista, un difusor de ideas únicas y, en una fase superior de su gestión, un agitador de masas, como dictan las bases del periodismo bolchevique por el que se rige el plan de estudios de esta especialidad en Cuba.

¿Cómo se llega a la redacción de Granma? Hay que pagar algún peaje ideológico?
Es muy difícil llegar a la redacción de Granma. Para no ser absoluto, casi ningún recién graduado llega a esa redacción. Es muy raro. En mi caso fue así porque me ofrecieron una plaza de fotorreportero en un plan piloto que probaron conmigo. En 1992 quería que los fotógrafos fueran titulados de alguna especialidad afín y habilitaron solo una plaza. A estas alturas sigo pensando que fue casual. El peaje ideológico que supone trabajar en la redacción de Granma es el mismo que hay que pagar por vivir en Cuba dentro de los cánones de la legalidad. Quiero decir: con un trabajo oficial. Hasta donde conozco, nadie me investigó antes de entrar, pero esa no es la cuestión. El asunto serio es que te van llevando a redactar textos altamente comprometidos para irte probando y enviando a puestos de mayor confiabilidad.

¿De cuántas personas se compone su redacción?
Hace mucho tiempo que no pienso en el periódico Granma ni lo leo por internet. Voy a apelar a la memoria, a la visión que tengo de las reuniones generales en el teatro del edificio. Entre fotógrafos, periodistas y editores la redacción del diario cuenta con alrededor de un centenar en plantilla fija.

A nivel organizativo, ¿cómo se articulaba la composición temática de cada sección del periódico? ¿Cómo se decidían los temas y qué debate se producía en la redacción acerca de la orientación de las informaciones publicadas?
Cuenta con cuatro redacciones. Nacionales, Internacionales, Deportes y Cultura. Cada periodista lleva un subtema o varios dentro de la temática general del departamento. Tiene sus fuentes o cartera de contactos ya creada, durante años, porque las personas en Cuba, por lo general, trabajan en el mismo sitio toda su vida. Los periodistas proponen temas de acuerdo con el plan de eventos fijos que se aproximan; o sea, cubren su sector mecánicamente y muchas veces son las propias fuentes las que se ponen en contacto con el periodista. Hay que tener en cuenta que en Cuba, más que en cualquier país, la prensa ejerce mucho poder –a favor del partido único, por supuesto-, y las instituciones cuyos eventos no aparecen reflejados en Granma reciben regaños de parte del sus ministerios, o lo que es lo mismo, de parte del gobierno. En Cuba el periodismo se practica al revés: la noticia es la que sale a buscar al periodista. Y la noticia, no estaría mal recordarlo, se basa la mayor parte de las veces en logros de la producción o la creación artística o el rendimiento deportivo. El tono triunfalista predominante ha llegado a construir una falsa prensa que enturbiará la comprensión de este país a la vuelta del tiempo, cuando los investigadores no tengan más que el papel impreso para recomponer la historia.

También están los trabajos especiales encargados por los jefes de redacciones. Estos son los más dolorosos –para quienes, como yo, no pretendíamos ascender de puesto- porque nos obligaban a dar un enfoque positivo a temas realmente delicados. En mi caso, temas relacionados con las artes escénicas donde, como en todo lo demás, existía y existe censura, falta de libertad de expresión y marginación hacia los artistas. Luego de redactados estos trabajos especiales, en los que un servidor intentaba herir lo menos posible la sensibilidad y dignidad del creador, se decidía en la mesa del director del periódico si se publicaba o no. Muchas veces no se publicaban por algún detalle insignificante o porque a última hora entró un discurso de Fidel Castro que necesitaba más páginas. La gran mayoría de las veces el director o algún subdirector cambiaba textos relacionados con alguna sospecha ideológica, y el periodista se enteraba al día siguiente con el periódico en las manos. Leía publicado, pues, algo que él no firmó.  Es importante recordar que los regímenes totalitarios obligan a firmar a los periodistas hasta un texto de cinco líneas, para hacer ver a la población que esa es la opinión del redactor.

Debo decir que participé en consejos de redacciones, en debates a favor de la verdad que estaba ocurriendo en la calle, pero, catarsis aparte, jamás se publicaron las opiniones sinceras.

¿Los periodistas de Granma trabajan bajo el consenso con la dirección o puede percibirse algún tipo de tensión por la manera en que se informa a la ciudadanía?
Existe tensión entre los periodistas y la política editorial de Granma. Negarlo sería mentir. Como en todos los lugares del mundo, hay periodistas valientes y otros resbaladizos, jabonosos, también cansados de la inamovible política editorial. Esta pregunta se enlaza con la primera: o hacer periodismo con lo que hay, o reciclarse en cuidador de parques y jardines. No existe otra opción. También esto mismo sucede con la literatura. Cuando yo era estudiante de Periodismo, a finales de los ochenta, un periodista de Juventud Rebelde, Reinaldo Escobar, redactó un reportaje polémico sobre los uniformes escolares. Como se mantuvo firme en sus opiniones –cosas tontas, vista a la luz de hoy: el largo del pelo y de las faldas- a Reinaldo lo echaron a la calle. Hasta el sol de hoy.

En todos los periódicos, incluso en sociedades democráticas, se reciben llamadas, presiones desde estamentos influyentes y superiores. ¿Esas presiones puede que sean incluso más fuertes en Granma? ¿La dirección del periódico tiene una conexión directa con la cúpula del régimen?
En la mesa del director de Granma hay una línea directa con la oficina de Fidel Castro (ahora supongo que con la de su hermano). En los primeros años de la mal llamada revolución, Castro visitaba Granma casi a diario, porque el periódico está en la acera de enfrente del Palacio de Gobierno. En la época en la que yo trabajé en Granma, ya el dictador tenía creado un equipo censor de extrema confianza, y, salvo sus discursos y algunos trabajos especiales, los contenidos y portada se decidían en la dirección del periódico. Alguna vez presencié detener la rotativa a altas horas de la madrugada para intercalar un texto de él o a cerca del comandante. Durante los tres primeros años trabajé todos los días de noche.

¿La dirección del periódico emitía nunca ante los periodistas algún tipo de crítica hacia Fidel Castro o cualquier dirigente?
La dirección del periódico se cuidaba mucho de que los simples periodistas vieran o escucharan criticar a Fidel Castro. Pero supongo que lo hacían detrás de la puerta. Las cosas de Castro son demasiado caprichosas. Y él se jacta de saber de todas las materias.

Como a redactor de Cultura, ¿qué vicisitudes puede contarnos de dicha sección?
Como redactor de Cultura lo peor fue cubrir actos políticos relacionados con la Cultura. Lo segundo tener que pasar por alto estrenos de teatros o inauguraciones importantes de exposiciones porque, a pesar de haber contado con amplio público, no eran de interés editorial. Lo tercero, haberme creado a la fuerza un sistema codificado para decir las cosas sin que fueran bloqueadas por la censura. Si un estreno no se refleja en la prensa es como si no hubiera existido. A la dirección del periódico le daba igual, pero a mí no. Durante los años que estuve allí, fue la peor época del periodismo cubano. Desaparecieron todos los diarios –excepto Granma-, pues pasaron a semanarios. Otras publicaciones desparecieron para siempre. Y Granma, entonces, tenía solo cuatro páginas, ampliadas a ocho cuando había discurso del comandante. La tercera vicisitud fue convertirme en fotógrafo y crítico de teatro en bicicleta. No había a veces transporte. Pero esto no es lo más anecdótico, sino que el periódico me daba un carrete virgen para cinco o seis estrenos. Es sabido que a los fotógrafos de prensa en Cuba les gusta más el béisbol que el teatro.

¿Desde un periódico oficial en Cuba cómo se observan los esfuerzos de la prensa independiente?
Desde un periódico oficial en Cuba no se sabe nada de los esfuerzos de la prensa independiente. Además de que no llega información al respecto, el periodista oficial, por lo general, no quiere enterarse de que esa prensa existe. Solamente una vez vi a un periodista independiente en cuerpo y alma. Fue en un plenario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. El hombre valientemente tomó el micrófono y no lo dejaron terminar. Lo echaron a patadas.

¿Cree que es posible hacer periodismo en una sociedad tan restringida como la cubana?
Es posible hacer periodismo en una sociedad así, pero mayormente periodismo propagandístico o de barricada. Si se entiende el periodismo en una acepción más amplia, en la que se incluye la crítica de arte, sí, periodismo mediatizado, por supuesto. Al fin y al cabo, en los años 90 los propios dramaturgos y directores de escena creaban puestas codificadas, y nosotros ni siquiera nos planteábamos decodificarlas. Hablamos de la estética, o sea, de la forma, y con eso ya llenabas las 20 líneas que te daba el jefe de sección. Pero sí, se puede hacer periodismo propagandístico. A fin de cuentas, a la prensa del corazón o prensa rosa también la llaman periodismo.

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6 thoughts on “"Un periodista cubano en ‘Granma’ se siente un propagandista, un difusor de ideas únicas y un agitador de masas"

  1. y yo les agradezco a los dos el haberlos conocido. A Aguaya, una gran mujer que no ceja en el empeño de sacar a la luz los desarraigos provocados por una dictadura tan vieja como la sarna, dictadura que nos ha robado la ilusión a once millones de cubanos; y Joan Antoni, subido a este barco de la denuncia por su honestidad y vergüenza. Un abrazo a los y ojalá que el año que viene ocurra algún cambio importante en Cuba. saludos desde Barcelona.

  2. Jorge Ignacio no creo que me recuerdes …trabaje en el montaje de Vaselina (1998 en el teatro Mella ) y tu hiciste la critica de la obra..mi nombre es Blanca ..fui la rubia que interpreto el personaje de JANSaludos

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